:: TURISMO // Aborígenes

"Cuando se hablaba del desierto verde los aborígenes ya estaban aquí. Cuando era un serio problema remontar el río Pilcomayo por sus anuales correntadas de agua y limo, ellos eran los únicos que lo navegaban libremente porque lo conocían a fondo y la chalana les respondía con vos de madera".

Wichis, pilagás y tobas han estado y están en Formosa. Casi noventa comunidades resumen toda una historia que aún no ha sido contada y que sigue esperando su tiempo. Mientras tanto, poco a poco y de acuerdo con la situación de cada comunidad y con su relación con el blanco, el aborigen va transformándose e incorporando el otro mundo al suyo propio. Primero hubo que asumir los aspectos legales planteados, y después llegó la Ley Integral del Aborigen, un planteo reivindicatorio y un permanente recor- datorio al hombre blanco de que el aborigen existe y que es diferente. Más tarde fue la edu- cación y en muchas comunidades el mejora- miento de servicios.

El instituto de Comunidades Aborí- genes, que es dirigido por un pre- sidente y por los directores de etnias, quienes son elegidos por sus pares, atiende la problemática relativa a cues- tiones sanitarias, de bienestar social, productivas, artesanales y muchas más. La voz y el trabajo del aborigen se hicieron sentir siempre. Desde el cultivo en la chacra, el manejo de las redes de pesca, la dura jornada del aserradero y en la tarea silenciosa de los artesanos, ellos han colaborado siempre con su sistema tradicional de economía que indica que no han dejado de ser un pueblo cazador-recolector.



En la década del ’70 nacieron en la provincia las primeras experiencias de enseñanza de la modalidad aborigen, a raíz de las necesidades de comuni- cación de algunos maestros y ante las dificultades que mostraba la mayoría de los niños aborígenes escolares en las escuelas comunes. Esas prácticas fueron institucionalizadas por el estado provincial en la década del ’80 dentro de un régimen especial. Mediante su proyecto de reforma de la currícula escolar por el cual se comenzó a formar a auxiliares aborígenes y se trabajó con firmeza en la capacitación de los docentes.

Los aborígenes no han perdido la voz de sus mayores pero ahora saben que el conocimiento es lo que da autoridad. Es probable que ya no invoquen a sus antiguos dioses para renovar sus fuerzas, pero no pueden dejar de pensar que en algún momento llegará Lasagué, el viento de agosto, que como siempre sacudirá las plantas y a los hombres avisándoles que se preparen para el nuevo tiempo de la primavera. Cuando los códigos y el idioma son comunes la cultura se expande con más facilidad y rápidamente carac- teriza a todo un pueblo, pero cuando no es así surgen los fracasos propios de la falta de entendimiento entre los hombres.

 

Actualmente casi ochenta escuelas atienden las pautas culturales de las etnias que corresponden en cada uno de los casos. En ellas los maestros formoseños siguen enseñando y también aprendiendo con sus alumnos.

El crecimiento llegó en 1985 con la apertura de cuatro Centros Educativos de Nivel Medio ubicados en Formosa, El Potrillo, Ingeniero Juárez y General Mosconi a los que se imprimió una respuesta diferente según las necesidades de cada comunidad y a la vez se ofrecieron propuestas a una juventud que necesitaba ser atendida con justeza, en un trato igualitario para poder asumir juntos el rescate y la defensa de valores que nunca se deben perder.


Posteriormente se inauguró en Ingeniero Juárez un instituto de nivel superior para pre- parar a profesores para la enseñanza primaria de la modalidad. Toda una realidad muy esperada para los wichis, los pilagás y los tobas.

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